David Sánchez Juliao
DAVID SANCHEZ JULIAO
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DAVID SÁNCHEZ JULIAO DE VIAJE


De viaje con Sánchez Juliao

 

“Viajar nos conduce a David Sánchez Juliao, como a un tren, o a un goliardo, o a una presencia en todas partes. De su pluma conocemos el vuelo de mil trenes y la pavura del vuelo hacia el regreso; nosotros, con David Sánchez Juliao, podemos aprender de viajes, y de trenes, y de aviones, y de ciudades, y de amigos, y de anécdotas: de un furtivo encuentro o de un desencuentro enamorado. Y hasta nos podemos dar cuenta que Beethoven no pagaba su arriendo en Viena. David Sánchez Juliao nos puede decir donde es posible tomar un tren que nos conduce de Bombay a Bogotá. Pero si nos encontramos con  Sánchez Juliao a la vera del camino será porque tendremos por destino el mundo.” 

 

 Carlos Arboleda González

Director Instituto Caldense de Cultura
 


 

David Sánchez Juliao: Un Viajero Ilustre

Gruta Virtual Latinoamericana – Revista “Ave Viajera - Artes y Letras”

 

Una muestra de la actividad internacional del escritor.

Hubiese sido un gran descuido que un viajero de la talla de David Sánchez Juliao no hubiese sido llevado a bordo de Ave Viajera, a su paso por estas tierras de las que el escritor acaba de regresar a la patria -- " pese a la maravillosa experiencia" según sus propias palabras -- "… y a los honores recibidos, regresar a Colombia es muy, muy grato, entre muchas otras razones porque las empanaditas con pique y cafecito perico no saben a gloria sino en nuestro país...".

Bien dicho, David. Aquí también somos muchos los que volvemos a Colombia una y otra vez, porque " a pesar de todo sigue siendo el mejor estadero del mundo" afirmación ésta que, siendo de cajón, nos gusta repetir por lo cierta con regocijo.

El encuentro de Ave Viajera con David Sánchez Juliao, -- ocurrido en Miami con motivo de nuestra reciente participación coincidencial en el programa de Enrique Córdoba "Cita con Caracol" -- tuvo la característica de lo improvisado y por lo tanto, de espontaneidad en el trato y de sinceridad y franqueza en la admiración y la crítica. (Esto último, algo que David Sánchez Juliao se las arregla para despertar cada vez que expone su amplio y discutido pensamiento de ciudadano "costeño", nada provincial , definitivamente internacionalista y decididamente transformista.

He aquí algunos pincelazos de su más reciente gira por los Estados Unidos: Como huésped de honor de The Oaklands, David presentó en Western Michigan University, Departamento de Lenguas Extranjeras y Literaturas la ponencia: “Tradición Oral, Palabra Escrita y Sistemas de Comunicación en la Literatura Colombiana”, siendo invitado a conferenciar ante los estudiantes de varios cursos, entre ellos los que dirige el profesor John Benson y en los que varias de sus obras son estudiadas.

Luego, en la Universidad Internacional de la Florida (FIU) Ponencia: “La Literatura en Tiempos de Conflicto: Los Retos de ser Escritor en Colombia”. Dada la importancia de esta presentación, un grupo de intelectuales coordinados por la escritora Freda Mosquera y por el escritor Rafael Vega Jácome, le hizo partícipe como figura central en una concurrida tertulia ante un público de muchos países de habla hispana, en Weston, --un sector importante del Condado de Dadw--, liderado por prestantes figuras de la comunidad colombiana residente en la Florida.


Jornadas Americanas del Prestigio Colombiano
Entrevistas y Actividades Públicas

En el TV Canal 17-- Invitado especial en horario estelar de domingo al programa "Comentando", dirigido por Orlando De Cárdenas -- Numerosas intervenciones en "Cita con Caracol ", Miami, programa radial de una hora que conduce Enrique Córdoba . -- TV canales 17 y 36 : "Presencia Caribe", que dirige el periodista Marco Contreras con el apoyo de la también periodista Sandra Howard. --Conferencia-lectura de cuentos ante un amplio público latinoamericano organizado por el Coral Way Lions Club. -- Invitado Conferencista por los escritores Luis Miranda y Jaime Cabrera, ante el club de intelectuales y escritores de la Fifteen Street Bookstore de Miami. -- Importante e interesante entrevista concedida a la prestigiosa periodista Adriana Herrera del diario "El Nuevo Herald" de Miami, entrevista en la que se intercambiaron variadísimos tópicos en una extensa conversación de cuatro horas.

El 2003, promete igualmente ser un año muy activo para David Sánchez Juliao. En una nueva visita a EU., programada para marzo y abril de 2003, se preveen numerosas tertulias, presentaciones y lanzamientos tales como el de su próximo libro: “Memorias de un Viajero que quiso ser Alcatraz”. Otros eventos incluyen la publicación del Libro "Trío para Lector y Orquesta: La música en la Novelística de David Sánchez Juliao" del escritor y crítico Carlos Arboleda González, lo mismo que del trabajo experimental para CD: "David Sánchez Juliao conversa con sus amigos de Montería", realizado por la Secretaría de Cultura de Córdoba, trabajo que empezará a circular en enero próximo. Se espera igualmente su presencia en el simposio Caribbean Literary Studies Conference a realizarse en la Universidad de Miami, Coral Gables y la presentación en North Miami Beach del montaje que el actor Yugui López ha hecho en Venezuela de la obra "El Flecha" y que acaba de obtener en ese país el Premio Nacional de la Crítica Venezolana. También se espera su asistencia al lanzamiento en Miami por el canal 36 de su obra para televisión "Alejo o la búsqueda del Amor", la que ocupa hoy primeros lugares de sintonía en Radio Caracas Televisión.

 

 

Diez Vistazos a Centroamérica

 

COSTA RICA: LUCES DE PALABRAS

En la plaza principal de San José de Costa Rica, sobre la fachada de un alto edificio, hay un tablero de luces en el que -- formando letras con bombillas que se encienden y apagan -- se deja conocer a la gente las noticias del día en el país y en el mundo. Pero de nada sirven las noticias, ni las atractivas luces intermitentes, ni las caricaturas que se iluminan entre las referencias a muertes, catástrofes, asesinatos, atentados y bodas reales. De nada sirven, pues la gente que viaja hasta la plaza desde los barrios lejanos, hace siempre la opción por la vida: le da la espalda a las palabras de luces y se pone a conversar con los amigos.(San José, 1978)

HONDURAS: NOTA NOSTRA

Corría el verano de 1972. Olga y yo regresábamos a Colombia desde México por tierra. El autobús había partido esa mañana de San Salvador con rumbo a Tegucigalpa. Queríamos visitar a Ramón Martínez Vallejo, por aquel entonces embajador de Colombia en Honduras, país que habían combatido poco tiempo atrás con El Salvador en una guerra fratricida que empezó en un estadio de fútbol. De modo que los controles en Jícaro Galán, ciudad fronteriza y de transbordos, eran excesivos. En aquel viaje habíamos comprado discos musicales en cada país. Cuando el guardia hondureño detectó entre ellos un disco prensado en El Salvador y con la obvia estampa de un conjunto de músicos salvadoreños sonriendo en la portada, reportó a su superior allí presente. El teniente ordenó de inmediato su destrucción. Ante nuestros ojos de horror, el guardia hizo trizas la cubierta y añicos la negra torta de acetato. Jamás supieron, sin embargo, ni el guardia ni el teniente, que los doce cortes del long playing contenían canciones hondureñas interpretadas por un conjunto musical de El Salvador.(Tegucigalpa, 1972)

PANAMÁ: "ROLDANILLO"

A doña Flor

Omar, el Presidente, tenía un hermano periodista llamado Monchi Torrijos. Moisés era su verdadero nombre. Moisés se sentía orgulloso de muchas cosas; entre otras, de una enorme colección de búhos (en cerámica, caña, madera o porcelana) que había iniciado doña Flor, su esposa, y que la pareja exhibía en un amplio y fresco caney indiano que se alzaba en el patio de la casa. Aquel caney tenía, como las casas de recreo de mi tierra sinuana, un nombre: "Roldanillo". Así se llamaba el pueblo en el Valle del Cauca colombiano de donde procedían los Torrijos panameños.

En el caney "Roldanillo", Monchi Torrijos mantenía colgada una hamaca que usaba, como mi padre, para las siestas y para llamar el sueño en las noches antes de irse a la cama. Al menos, eso me contó él allí, en el caney.

Me contó también su sentir acerca de la misteriosa muerte de su hermano. Dijo Monchi allí en "Roldanillo":

-- La muerte de Omar no fue un accidente. Omar fue asesinado. Olvidemos las evidencias técnicas de las que tanto se ha hablado: que el piloto del avión presidencial conocía de memoria la ruta, y que era un piloto experimentado; que el mantenimiento de la aeronave era óptimo y que se trataba, casi, de un aparato de estreno; que no hubo S.O.S ni declaratoria de emergencia sino que el contacto con la torre se perdió súbitamente... olvidémonos de eso. Pero déjame recordar esto --Monchi se volvió adusto y un velo de tristeza cubrió su cara --: De niños, Omar y yo diseñamos algo que llamamos un juego; y consistía en que, cuando alguien intentaba hacer daño a uno de los dos, estuviéramos en donde estuviéramos, el uno le movía la hamaca al otro. Siempre funcionó aquel juego, siempre. Y esa noche, antes de que el teléfono sonara con la infausta noticia, yo sentí que alguien me había movido la hamaca.(Panamá, l984.)

PANAMÁ: SED DE TIERRA

"Para la construcción del Canal de Panamá fueron reclutados en sus tierras, obreros de muchas partes del mundo --- nos contaba a Carmen y a mí Raúl Leis mientras conducía el vehículo desde el que nos enseñaba la Zona del Canal --. Miles de seres desraizados de exóticos parajes invadieron nuestro país agobiados por el fardo de la esperanza. Chinos, por ejemplo, muchos chinos; diminutos orientales de piel de cirio, ojos de alcancía y largos cabellos que se recogían en una trenza a las espaldas -- el vehículo recorría la séptima franja de La Zona, y Raúl hablaba con el cantarino acento panameño --. Era tan rudo el trabajo, tan distinta esta tierra, tan patéticamente diferentes los sonidos musicales, tan crueles las circunstancias, que cuando la nostalgia apretaba, los pobres obreros chinos no tenían más remedio que usar la larga trenza para ahorcarse de los árboles".(Panamá, 1983)

EL SALVADOR: EL DIABLO LOS JUNTA

Tengo un compadre, colega y buen amigo en Panamá cuyo nombre es Raúl Leis. Raúl y yo poseemos una similar visión de las cosas. Ambos pensamos, por ejemplo, que el acto de escribir redime al hombre en la tragedia de vivir, al tiempo que exalta lo hermoso de la existencia.

Hace unos años, Raúl y yo fuimos invitados a conducir un seminario sobre materias del arte y de la vida en la ciudad de San Salvador. Nos dimos cita un lunes en el centro educativo en donde íbamos a trabajar por una semana con estudiantes salvadoreños.

Decidí llegar un día antes a San Salvador; el domingo en la mañana. Elegí en el aeropuerto el hotel de mi conveniencia y me registré antes del mediodía. En la tarde visité el Museo Nacional e hice un recorrido a pie por el viejo casco de la ciudad capital. A la noche cené en el comedor del hotel algo que llamaban "Carne salvadoreña", un platillo local que viene acompañado de lo que al decir de Enrique Silverberg -- un amigo argentino -- alborota la nostalgia del monocultivo: tajaditas de plátano frito. Luego de la cena me encerré en la habitación a degustar en el canal cultural de la televisión un programa sobre Salarrué, el connotado escritor raizal de El Salvador. Lo disfruté a fondo, la verdad.

Al día siguiente, lunes, encontré que Raúl me esperaba ya en el despacho del director del Instituto, Porfirio Cerritos. Luego del primer abrazo emocionado, nos miramos a los ojos y nos volvimos a abrazar cuando caímos en cuenta de que ambos habíamos decidido llegar un día antes a San Salvador, habíamos escogido el mismo Hotel Conde entre las opciones que nos fueron presentadas en el aeropuerto, y hecho las mismas cosas a idéntica hora. Supimos entonces que no habíamos estado solos en el paseo por el centro de la ciudad y que habíamos deseado (estándolo) que el otro estuviera presente en el momento en que veíamos en la televisión el programa sobre Salarrué. De repente, en el presente y para el futuro, el pasado cobró fuerza; incluido el sabor del plátano frito en la "Carne salvadoreña", que él también había pedido en el segundo piso del comedor mientras yo disfrutaba del mismo plato en el primero.(San Salvador, 1978)

NICARAGUA: "COMPAÑERO"

"Es ardua la tarea - nos expresaba el poeta Ernesto Cardenal, Ministro de Educación de Nicaragua, a pocos meses del triunfo sandinista--. La gente con alguna preparación emigró, y hay que empezar a reconstruir la Patria con lo que queda. Hoy, por ejemplo, dicté a mi secretaria una carta en la que solicitaba al embajador americano la expedición de unas visas para el conjunto musical que va a actuar en la Universidad de Berkeley, en California. La secretaria había encabezado la carta de esta manera: Apreciado compañero, y la cerraba como se le había ordenado cerrar toda correspondencia: ¡Patria Libre o Morir !"(Managua, 1979)

HONDURAS: 11%

Como trabajo de campo para un seminario-taller sobre Ideología y Cultura, Paz Buttedahl y yo asignamos a los alumnos la tarea de averiguar por qué en la región de Choluteca, Honduras, la gente del común tenía tan poco acceso a la buena carne vacuna; y por qué los llamados platos típicos, emblema según muchos de la nacionalidad, eran confeccionados con base en las menos agradables partes de la res: los bofes, los sesos, la cola, las patas, el estómago y la lengua.

Las alumnas del curso, entre ellas Pilar -quien empezó siendo mi alumna-- utilizaron entonces las armas femeninas. Apoyadas en sus encantos lograron llegar a los más altos ejecutivos de la compañía exportadora de carnes que operaba en la región: un packing-house de capital extranjero. Allí se enteraron de cuanto las leyes del país establecían al respecto. Para beneficio de las clases populares de la Nación -según la ley - debía exportarse sólo el 89% de la res total, mientras el 11% restante tenía que ser destinado al consumo local.

Desde luego, la base de los platos típicos -emblema de la nacionalidad--: los bofes, los sesos, la cola, las patas, el estómago y la lengua, componían ese 11%.

Aquel trabajo de campo fue casi una tesis de grado. (Honduras, 1979)

GUATEMALA: "PANAJASHELL"

A orillas del lago de Atitlán se alza un poblado indígena llamado Panajachel, que con seguridad significa algo poético y hermoso, como sucede con muchos nombres de lugares y ciudades de Guatemala. El poblado tiene un hotel para turistas que mira al inmenso lago en cuyas aguas se reflejan las montañas. El nombre del hotel también tiene raíces indígenas, pero el turista desprevenido piensa, sin embargo, que la fundación del poblado estuvo -- como muchas cosas en este mundo -- patrocinada por una compañía multinacional. Sí, porque lo que primero se advierte cuando se llega a él por carretera, es el aviso que anuncia la estación de gasolina: "SUPERSHELL PANAJASHELL". La mayoría de la gente lo toma en serio. Son muy pocos los que sonríen. Y muchos, muchos menos, los que lloran. (Guatemala, 1980)

CENTROAMÉRICA: PEDRO

Me habían dado en México la dirección de Pedro. Me dijeron que era un buen poeta y que valía la pena conversar con él en mi viaje por Centroamérica. Al llegar a su país, fui, pues, a ver a Pedro a su casa. Una adusta mujer abrió la puerta y, con pocas muestras de cortesía, me dijo: "Aquí no. Vaya a verlo a esta dirección". Me entregó un papelillo con señas escritas de antemano. Las señas se cerraban con una extraña frase: "Justo frente a la puerta del Bar Don Francisco". Se me antojó absurdo todo aquello, pero... Pedí a un taxi que me condujera al sitio. Había un bar, y se llamaba Don Francisco. Justo frente a él, estaba la entrada al cementerio.

La mujer que me había recibido con rudeza era la madre de Pedro, supe dos días después. Pedro había desaparecido un año atrás y fue hallado muerto al borde de una carretera. La pobre madre había inventado aquella forma de defenderse. Nunca sabía si eran amigos o enemigos los que llegaban a preguntar por su hijo. De manera que, ante la horrenda poesía de las circunstancias, la mujer permitía que la gente sacara conclusiones. (Centroamérica, 1972)

PANAMÁ: MARES

"Cuando me abate la tristeza - nos decía Raúl, cerveza en mano, una noche en Panamá - tomo el automóvil y procedo a sentirme el ombligo del mundo. Aquí, la distancia entre uno y otro mar es muy corta, A veces, voy a bañarme a las playas del Pacífico, y cuando aún el agua salada no se ha secado en mis ropas, hora y media después me zambullo en el Atlántico. Pienso en dos cosas cuando lo hago. La primera, que aquello es como ir al psiquiatra. Y la segunda, que poder hacer eso que te he contado, es lo peor que le ha podido suceder a mi país". (Panamá, 1984)

 

 

Siete Guiños al Viejo Continente

 

1. Nadie es Profeta

La visita a la Casa de Beethoven encabezaba la lista de prioridades en Viena. De manera que, una vez me instalé en la habitación del hotel, tomé el teléfono y marqué un número. Lo había planeado todo en el tren que me tría de Budapest. Pertenezco a un asociación de viajeros que permite a los socios contactar gente en cualquier país y solcitar ayuda, no solamente en caso de emergencia.

- Aló - respondió un voz de mujer.

Saludé afablemente, me presenté como miembro de la cofradía de viajeros, confesé con orgullo mi profunda admiración por el genial sordo de Bonn, y entré en materia:

- Quisiera visitar la Casa de Beethoven. ¿Podría usted indicarme la manera más fácil de llegar hasta allí?.

- Hay muchísimas casas de Beethoven en Viena - respondió la señora con acento áspero -. Ese señor cambiaba de casa con demasiada frecuencia, pues nunca pagaba el arriendo.

.Viena, 1991

2. Ives

Llegamos extenuados al Aeropuerto de Charles De Gaulle tras el largo viaje. Traíamos demasiado equipaje para un solo taxi a Saint Germain Des Pres, pero tuvimos la suerte de dar con un conductor amable y sonriente que fue capaz de acomodar en su auto todas las pertenencias: en la bodega, sobre el techo, junto a él, sobre nosotros. París nos recibió con una persistente llovizna de verano y un clima cálido y húmedo. En poco tiempo estuvimos en Rue de Sevres; era domingo.

Luego de bajar las piezas del taxi, y una vez vimos maletas, bolsos y maletines junto a la puerta de entrada, supimos el dolor que nos causaría subir todo aquello hasta el sexto piso; allí estaba localizado el pequeño departamento, y el edificio, como cualquiera que se respete en París, no tenía elevador. Fue en ese momento cuando (¡no podíamos creerlo!) aquel taxista sonriente nos dijo: ¡No se preocupen. Yo les ayudo a subirlo todo!. Hizo la mayor parte del trabajo, pues a nosotros, la verdad, ya no nos daba el cuerpo.

Con el equipaje en el departamento, pusimos agua al fuego y le pedimos que nos acompañara a tomar un café. Bebimos tres. Ives, así se llamaba, resultó se un gran conversador y un amante de las anécdotas de viaje, aunque jamás había salido de Francia. Habló de su familia, de su vida en la barriada humilde de París y de sus últimas vacaciones en La Provence, donde vivían los suegros. Antes del cuarto café se despidió argumentando que debía volver al trabajo. Lo acompañamos a la puerta y nos despedimos de abrazo. Unos minutos después, al comenzar a deshacer el equipaje, caímos en la cuenta de que no le habíamos pagado. ¡Es una lástima - comentó Martine - y es inhumano. Ni siquiera le pedimos la dirección!. Esa noche dormimos remordidos por la conciencia.

Al día siguiente, al abrir para recoger la lecho, encontramos en el pasillo frente a la puerta, un sobre de correos y una botella de vino. El sobre contenía una nota de Ives que decía: ¡Gracias por la carrera desde el aeropuerto. Olvidé pagarles, pero ahí está. Cuando los necesite para volver a Charles De Gaulle los llamaré. Mientras tanto, ¡salud!.

El vino era de lo mejor del Ródano.

París, 1993

3. Colores... sabores

Los helados de la U.R.S.S eran blancos y de un solo sabor. Un día hallé a un niño que comía helados en la Plaza de Moscú mientras miraba hacia las torres de la Catedral de San Basilio con el deleite con que a veces miramos el cielo. Pedí a Iirina, la guía y traductora, que preguntara al niño por qué hacia aquello, e Irina respondió sin haberse dirigido al niño:

Siempre lo hacen - dijo -. Los niños comen conos de vainilla mirando hacia allá, e imaginan que las coloridas torres de San Basilio son helados de todos los sabores - guardó un instante de silencio y agregó-: pero al menos cada niño tiene derecho a un helado.

Moscú, 1985

4. "Fílame Akoma"

En Atenas, la mañana de verano que subimos a La Acrópolis, encontramos a Nicolás y a Evelia Emiliano frente al Partenón. Fue una milagrosa coincidencia, dedujimos, pues habíamos llegado a Grecia desde lejanos puntos equidistantes. ¡Asunto de los dioses!, le llamamos y decidimos ir por la noche a celebrar el acontecimiento en una de las tabernas de El Plaka, el viejo casco de Atenas que se abre al sur de la Plaza de Sintagma. Evelia y Nicolás eran amigos de un tabernero llamado Demetrios, quien poseía un lugar de diversión que llevaba un nombre extraño: Fílame Akoma. Ese, en griego, es el título de una canción de amor latinoamericano conocida como Bésame mucho.

La canción suena en la taberna al menos veinte veces en la noche, y es interpretada por el mismo Demetrios, quien hace llorar a los clientes y luego, según la tradición del país, los incita a arrojar platos al escenario como muestra de contento. Esa noche ordenamos seis docenas de platos para el final del primer show. No quedó uno sano, pues el Fílame Akoma y el uzo (licor nacional de Grecia) se nos habían subido a la cabeza.

Fílame Akoma suena de forma muy sensual cantando en griego, y acompañadas de bousouki (tradicional instrumento de cuerda) sus notas se tornan conmovedoras; mayormente a la distancia. Todos en la taberna cantamos, reímos, lloramos aquella noche; menos uno de los presentes. Un asiduo cliente cliente conocido de Demetrios y a quien los meseros trataban con afecto. Durante toda la velada se mantuvo sentado a la mesa del último rincón, frente a la botella de uzo cuyo contenido se reducía en la medida en qu el hombre sólo levantaba la cabeza para beber. Se notaba que era un ser solitario y abandonado a una pena de amor que apenas le permitía respirar.

- Y ése ¿qué?- le pregunté a Demetrios al señalarlo.

- Ese está loco -respondió Demetrios con una sonrisa, y en poquísimas palabras me soltó la historia -: dice que Fílame Akoma es una canción quele cantaba una sirena que fue su novia cerca de la isla de Santorini, en el Egeo meridional. Así que cada vez que viene aquí ordena a los músicos que la toquen quince veces seguida.

- ¿Loco? - comentó entonces Evelia -. Jamás, desde cuatro siglos antes de Pericles, nadie ha estado tan cuerdo en Atenas.

Atenas, 1987

5. Descubrimiento

Aquel día visitamos con Cristina varios monumentos y museos de Copenhague: el Castillo de Rosenborg y la Iglesia de la Trinidad, el Palacio de Amalienborg, el moderno Edificio de La Bosla, la casa de Andersen, la sirena (desde luego) y por último el Museo Nacional. Allí fue en donde Cristina nos sorprendió. Cuando entramos a la Sala Vikinga, habló de los orígenes, la llegada a Dinamarca y la forma de vida de aquella raza de comerciantes y viajeros. Luego se plantó ante la réplica de una embarcación y dijo: ¡Gracias a una de estas naves, en la Península de El Labrador, los indios americanos y los vikingos se descubrieron unos a otros!. Quedamos asombrados, pero después no tanto, pues nos enteramos de que Cristina ganaba algunas coronas como guía, pero estudiaba Historia en la Universidad de Copenhague.

Dinamarca, 1993

6. Pregunta

Fue en Madrid, en el Paraninfo de la Universidad, en donde oí contar la historia al académico Guillermo Díaz-Plaja, como corolario de una conferencia sobre su obra Papers d´identitat. Decía al ensayista español que cierta vez consiguió una entrevista con un anciano jerife de Marruecos que comandaba desde su tienda en el desierto un grupo de musulmanes semi-nómadas. Los dos hombres, Díaz-Plaja y el jerife, llegaron al acuerdo de hacerse preguntas sobre sus respectivas partes del mundo. Demoraron tres días conversando, entre cenas opíparas, almuerzos espléndidos y descansos prolongados. Díaz-Plaja respondió a todo cuanto el jerife preguntó sobre España y el Mundo Occidental, y a su vez el pariente del Rey de Marruecos respondió a todo cuanto el académico quiso saber sobre el mundo del desierto, la vida nómada, la razón de existir en la aridez, la eterna búsqueda del oasis y las sagradas escrituras del Corán. Ya en el momento de despedirse, antes de que partiera hacia otras dunas la caravana de camellos, el jerife dijo: ¡¿Puedo haceros una última pregunta?!, a lo que Díaz-Plaja accedió complacido. El jerife entonces inquirió: ¡¿Adonde vais vosotros con tanta prisa?!.

Madrid, 1975

7. Flores de Baviera

Nos había invitado la Universidad de Eichstäat, en la Baviera alemana, a disertar en un encuentro titulado ¡Literatura colombiana: Imaginación y Barbarie!. Éramos nueve en total, escritores, profesores y críticos. Y era noviembre, comienzos del invierno. Eichstäat, según uno de nosotros comentó, era un pueblito como de anuncio de cerveza; algo que no parecía real sino creado por la mente. Así era también el hermoso claustro universitario e igual se nos antojaba el pequeño hotel en donde fuimos alojados por los organizadores del evento. Era una vieja casa convertida en hostal, administrada y servida por los miembros de una familia bávara, amable y bondadosa. La familia tenía, lógico, una abuela. La anciana desayunaba en su silla de ruedas al fondo del comedor, el que tenía siempre una mesa dispuesta con frutas, quesos, cereales, jugos, carnes frías, buen café y el mejor pan alemán. Desde el primer día, para el último café, hicimos círculo en torno a la anciana, pues resultó ser una excelente conversadora. Fue ella quien tomó la iniciativa al preguntar qué hacíamos en Eichstäat y de dónde éramos. Luego nos pidió que le habláramos sobre América Latina. Lo hicimos durante los primeros dos días; luego ella habló: de su infancia en la Primera Guerra, de la Alemania de los veintes y los treintas, de los horrores de la Segunda Guerra, de la Reconstrucción y de la reciente caída del muro.

Pese a que tocaba el presente con aislados pincelazos verbales, y a que aún se veía saludable y en sus cabales, la anciana cordial parecía vivir en el pasado, el de sus días de juventud. Hablaba de esos años como si entre ellos y los noventa no hubiera existido tiempo. Y se refería a ellos con dolor y pesadumbre. Tal vez aquello tuvo algo que ver con el detalle que a todos, escritores, profesores y críticos, nos sobrecogió por igual. Se trató de esto. Cuando, una vez concluido el seminario, subimos s nuestras habitaciones a recoger el equipaje, encontramos sobre las maletas un par de rosas blancas acompañadas de una tarjeta firmada por Elga, la anciana, que decía: ¡Perdón por lo que pudo haber pasado!.

Eichstäat, 1991

 


 

La Costa en Siete Suspiros

 

Resignación

Estacionada en la rada de Cartagena de Indias, hay una vieja lancha de madera que se llama Resignación, y que parece abandonada. Pero no lo está, pues la habita un viejo marinero negro que afirma haber sido contratado para cuidarla desde hace treinta y seis meses. El dueño de la embarcación nunca volvió, de modo que el viejo marinero jamás ha recibido el salario que le fue prometido.

"La gente me aconseja que me vaya - dice, sentado en la proa de la lancha - pero, ¿cómo?. Si me voy y ven la lancha sola, se la roban: y así yo iría a la cárcel por irresponsable y por haber abandonado el trabajo. Lo del salario... ¡Ni me preocupa!".

[Cartagena, 1995]

Descalificación

Alejandro Durán fue un hombre honesto. Como persona y como músico. Fue aclamado Rey de la primera versión del festival nacional de música vallenata y jamás volvió a participar, aunque sabía que sería elegido Rey cuantas veces se presentara. Fue fiel a muchas cosas. A su origen campesino, a su música simple y transparente como el agua, y a sus letras elementales. Una vez llegó a afirmar: "No me molesta que los demás evolucionen. Lo malo sería que evolucionara yo". La noche que expuso su voz y su toque ante el jurado y el público congregados en la plaza de Valledupar, se equivocó en la marcación de un bajo sobre el teclado del acordeón. Entonces, suspendió la interpretación en forma abrupta y dijo al micrófono: "Pueblo: me acabo de descalificar". El pueblo no aceptó, pues desde antes de verlo subir a la tarima ya lo había elegido Rey.

Valledupar, 1978

 

Las sorpresas del tiempo

Las sorpresas del tiempo. Así se titula uno de los libros del ensayista barranquillero José Consuegra Higgins. En esa obra, José habla de sus viajes y de las sorpresas que el tiempo y la geografía le han prodigado. Durante una de sus tantas visitas a Grecia - cuenta José - entró con unos amigos a aquella sesión de sabios en la Academia de Atenas. No tardó - así es él - en trabar conversación con los académicos. Luego de hablar por algunos minutos sobre La República y los Diálogos de Platón, un anciano académico manifestó: "Es usted un erudito", a lo que Consuegra Higgins replicó: "Erudito, no. Soy subdesarrollado. Porque una de las características del subdesarrollo, con su elocuente arista de la dependencia intelectual, es saber más de lo ajeno que de lo propio". El anciano académico sonrió.

[Atenas, 1987]

El conde ruso

Corría 1974 cuando escuché a Ramón Illán Bacca contar la historia en Barranquilla. Decía que en la época de esplendor bananero en la zona de Santa Marta, los ricos cultivadores enviaban a sus hijos a la escuela de Bélgica. Aquello sucedió con dos de sus tías hacia el segundo cuarto de siglo. A través de las compañeras de colegio en Bruselas, las jóvenes tías de Ramón se enteraron de que el portero del restaurante donde acostumbraban cenar, era un conde ruso en el exilio, educado en las grandes escuelas de Londres y viejo compañero de juego del Zar. La tías de Ramón vieron en aquella, única oportunidad de rozarse con la nobleza europea, de modo que ganaron el saludo del condeportero con dulces sonrisas y buenas propinas.

Tanto efecto surtió la estrategia de aproximación, que muy pronto el desdichado noble llegó a saber en donde quedaba Colombia, de qué vivía la familia y cómo se llamaban las muchachas. Hasta que un día, ya amigos, las tías de Ramón le preguntaron a qué hora concluía su trabajo, pues querían invitarlo a cenar en cualquier otro lugar. El conde respondió que a las once, pero que no podía acompañarlas, pues un noble en su vida privada jamás se sentaba a la mesa con plebeyas.

Cuando regresé a Barranquilla en 1975, conté a Ramón que había estado en Bruselas a la caza del restaurante en la zona de Egelantierenlaan. Seguí las indicaciones que él me había dado (seguramente conseguidas de sus ancianas tías) pero no tuve suerte. La zona era ya enteramente residencial, y nadie pudo dar razón de hoteles o restaurantes. Ramón, entonces, se quedó mirándome a los ojos y dijo sin convicción: "¿Será que esas cosas ya no pasan?";.

[Bruselas, 1976]

Canción de la buena gente

Entre la población de Ciénaga y la ciudad de Santa Marta se ve mucha gente que, a la orilla del camino, hace señas a los automovilistas pidiendo ser recogidos. Casi nadie se atreve a detener el vehículo, y mucho menos a transportar extraños. Antes, la gente lo hacía. Pero esta costumbre ha desaparecido. Colombia se ha vuelto un pais en donde se teme aún a los conocidos.

Un día Nancy y yo recorríamos esa ruta. Era febrero, época de precarnaval. Al tomar la ruta que da nacimiento a la ye que abre hacia Valledupar y El Rodadero, divisé una comparsa de músicos y bailadoras que, con señas de manos, pedían ser recogidos. Era casi de noche. Sin embargo, el rojo encendido de los vestidos de cumbia aún centelleaban en la luzsombra del crepúsculo y el fulgor de los tambores luchaba por relucir en la ya casi diluyente penumbra.

Detuve el vehículo en seco. Hundí el pedal del freno con tal esfuerzo que las llantas chirriaron sobre el pavimento de la ardiente estación de sequía.

-¿Qué haces? - preguntó Nancy asustada. - Puede ser peligroso. No sabemos de que se trata.

Guardé silencio. Proseguí con la acción de dar transporte a la comparsa, pues al verlos a la orilla de la carretera recordé la frase que, de niño, leía en el cuadro que colgaba en un rincón del cuarto de música de mi tío Eugenio, y que decía: "Siéntate tranquilo allí donde se canta, pues la mala gente nunca tiene canciones".

[Barranquilla, 1989]

La casa

Gabriel Chadid construyó con las suyas y las manos de sus albañiles amigos, una casita en el campo. Gabriel sostiene que la casa debe ser para el hombre como una camisa: que le caiga bien, que le vaya al cuerpo, en la que se pueda mover con comodidad.

-Cuando voy a la ciudad en mi motocicleta - dice Gabriel - me quito la casa y ahí la dejo, colgada de un clavo en el rincón de la alcoba, esperándome. Por la tarde, cuando regreso, me la pongo... y vuelvo a sentirme a gusto.

Gabriel sonríe y agrega:

-Por eso procuro no engordar. Para poder seguir poniéndome la casa, sin que me apriete.

[Sincelejo, 1988]

El mal alcalde

Manuel González Angulo se hizo elegir alcalde de San Juan Nepomuceno, su pequeño pueblo natal. Nunca antes participó en política, pero fue un burgomaestre que hizo maravillas. Una de ellas, fue la de construir el acueducto para un pueblo que no conocía agua potable.

Un día, en las elecciones siguientes, cierto líder de oposición dijo en un discurso que Manuel González Angulo había hecho enorme daño a la identidad cultural de San Juan (así dijo)... pues el acueducto construido por él había acabado con el colorido espectáculo de las mujeres que, con una múcura de barro en la cabeza, llevaban agua del arroyo hasta los baños de la gente prestante del pueblo.

[San Juan, 1990]