David Sánchez Juliao
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OBRA ESCRITA


NOVELAS II

 

Danza de Redención

 

“ Esta es la mejor danza de Sánchez Juliao, puesto que, aunque es la novela cierre de la tan comentada trilogía musical del autor, esta obra específica muestra el arribo a su más acendrada madurez literaria y a su más evidente purificación de estilo’.

 

Carlos Arboleda Gonzáles

 

 

Danza de Redención
David Sánchez Juliao  
Primera Edición:

Editorial Grijalbo,

Bogotá, 1998, ediciones sucesivas hasta 2009

        San Fernando de Cumbé, lugar de acción de Danza de Redención, es una localidad mítica  del trópico latinoamericano  levantada a orillas del un río plagado de caimanes, en cuyos orígenes hay una fundadora-polizonte que, con siete marineros como maridos, prohija los primeros pobladores de la región, luego de plantar una ceiba milagrosa en donde habitan los dioses de los esclavos traídos por los blancos. El nombre del poblado nos remite, como la acción de la obra desde las primeras líneas, a los más remotos orígenes de los géneros musicales del porro y de la cumbia colombianos. En estos ritmos, sus lugares de disfrute y sus personajes fantásticos, se afincan las acciones descritas con profundidad, elegancia de estilo y toques de un humor exquisito.

En  la medida en que la obra avanza, en San Fernando de Cumbé se van acrisolando los aportes de blancos, indios y negros hasta arrojar un producto musical llamado el cumbé  (la cumbia). El relato tiene como espina dorsal la vida del clarinetista Simón Laza y sus diez hijos   (músicos los más de ellos) y concluye con el nacimiento del hijo de Gardenias Dos, la que más tarda en casarse, y con un diluvio que inunda el pueblo. El recién nacido, uno de cuyos nombres es precisamente Moisés, es arrojado a las aguas en un canastillo, junto con la grabación de todas las historias que contendrá el libro. Se supone que el autor encuentra el canastillo y las cintas de la grabación en un día de pesca y ‘desgraba’ –como mero intermediario– la leyenda del fabuloso poblado y sus extraños habitantes.

Las dos generaciones en las que se centra la novela encarnan de algún modo el apogeo y la decadencia de San Fernando de Cumbé: el mayor período mágico y mítico en la generación de los padres y las limitaciones materialistas que trae el progreso (avión, correo, luz eléctrica, radio, discos) en la de los hijos. Por eso, como debe ser, la localidad, que ha dejado de ser fiel a sí misma, a sus raíces y a su propia identidad, es tragada por las aguas.

 

 

Fragmento de la novela

Dulce veneno moreno

 

 

En la vena mordaz y deliciosa de su famosa novela Pero sigo siendo el rey, este libro se lee de un envión. Lo cual no quiere decir que al lado de la gracia y la alegría que adoban el relato no se puede paladear también una pizca del cartesianismo que aporta el abatido y herido amor mesié Poulenc, quien,  sin duda alguna, aprendió a contar historias con agarre allá en Montería con su compadre Sánchez Juliao.

 

 

Dulce Veneno moreno
David Sánchez Juliao
Primera Edición: Seix Barral (Planeta) Colección

Biblioteca Breve, Bogotá, 2005

Cuatro ediciones hasta 2009

 

En un vuelo de Montería a Bogotá, una pareja tropieza con mesié Poulanc, un parisino desesperado por desahogarse confesando su tormentosa historia  de amor con una monumental monteriana de piel melaza llamada Ludisbel. El relato se extiende justo durante la hora que tarda el viaje, y concluye y se cierra de una manera sorprendente cuando el avión comienza a descender hacia el aeropuerto Eldorado de Bogotá. Mientras tanto la historia le ha dado la vuelta a medio mundo, desde París hasta los confines del Oriente, para concluir en las feraces riberas del Sinú.

 

 

Deleitoso contador de historias, David Sánchez Juliao se ha regodeado en la escritura de esta intensa y divertida novela. La sola anécdota que da pie a Dulce Veneno Moreno nos suscita una risa nerviosa, propia del saber de los duelos del corazón ajeno, y no paramos de sonreír y de saborear cada capitulo, en el mejor sentido: el de apreciar los placeres del amor y del mundo, ya que este relato esta servido en las mejores sábanas y manteles.

 

Fragmento de la novela

 

El Flecha II

 

 

El Flecha tiene el encanto de esos sabios y sabrosos relatores de historias que han venido desapareciendo en aldeas y campos. Resulta tan elemental pero tan atractivo como esas pinturas naïf que adornan las paredes de los bares de la Costa, o como esos coloridos  busecillos escalera de Pitalito que siempre nos arrancan una sonrisa.

 

“El Fecha es un seductor natural. Su labia es su magia.”

El Flecha II
David Sánchez Juliao
Primera Edición: Editorial Planeta, Bogotá, 2006

Segunda Edición, 2006; Tercera Edición, 2007

Nuevas ediciones sucesivas hasta el 2009

 

Vuelve El Flecha, pero esta vez no se queda quieto en su pueblo, Lorica, sino que emprende un picaresco recorrido por toda la Costa, que lo lleva a Riohacha, Valledupar, Santa Marrrrrrta –como dice él mismo Flecha–, Barranquilla, Cartagena, Sincelejo y Montería. Entre chanzas y bromas, El Fecha registra el carácter peculiar y ocurrente de cada una de estas ciudades y sus regiones, cosa que para un cachaco sería imposible.

Perspicaz olfateador de la chispa cotidiana de los costeños, Sánchez Juliao revive en este libro a su querido personaje El Flecha, tan gracioso o más que El Pachanga, otra de sus criaturas literarias con varias versiones en discos. También Gallito Ramírez y los protagonistas de su famosa novela Pero sigo siendo el rey,  llevados con gran éxito a la televisión.

El Fecha es un seductor natural. Su labia es su magia. Su vida de aventuras y enredos, que no por ser –quizá– inventados dejan de parecer reales, las peripecias de sus compadres y comadres, y sus dichos, exclamaciones y carajadas, conforman una especie de pintoresca y divertida stand-up comedy difícil de olvidar.

El Flecha tiene el encanto de esos sabios y sabrosos relatores de historias que han venido desapareciendo en aldeas y campos. Resulta tan elemental pero tan atractivo como esas pinturas naïf que adornan las paredes de los bares de la Costa, o como esos coloridos  busecillos escalera de Pitalito que siempre nos arrancan una sonrisa