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SOBRE LA OBRA SONORA DE SANCHEZ JULIAO

 


 

 

 

ENTREVISTA AL ESCRITOR DAVID SÁNCHEZ JULIAO

Por el periodista: Joaquín Riascos Camacho                                                                                                                                                                                                                            

 

1. JRC: ¿A los cuantos años empezó a escribir?

DSJ: Precisar una fecha, o siquiera un año, resulta difícil. Recuerdo que fui siempre un buen narrador de historias entre los amigos y la familia, y que me gustaba hacerlo en forma oral, desde luego. De repente, vislumbré que podría escribir todo aquello que disfrutaba haciendo, y empecé, tímidamente, a llevar al papel ciertas cosas. También recuerdo que empecé a percatarme de que cualquiera otra actividad me aburría y que sólo me encontraba bien narrando o escribiendo historias. Entonces, me pregunté: ¿será acaso posible vivir de desarrollar, como oficio, tal actividad? Me propuse intentarlo. Lo del compromiso del escritor, lo de aprender a escribir de la mejor manera que me resultara posible, lo de querer ser testigo de una época con las cosas que escribía, todo eso... vino después. Pero creo que lo que me salvó fue la obstinación, la terquedad de querer vivir de y para un oficio que desde siempre amé.

 

2. JRC: ¿Dentro de qué género escribe usted?

DSJ: Soy, digamos, un escritor multi-genérico. He trasegado por el cuento, la novela, la fábula, el testimonio, el micro-cuento, las crónicas de viaje, los libros para niños y jóvenes, el teatro, el café-teatro, los guiones para cine y televisión... y por ese invento de la llamada literatura-casete, que ahora podría llamarse literatura CD o DVD. Disfruto mucho escribiendo, y el género que escojo para transmitir lo que quiero expresar, depende de la historia misma y algunas veces del ánimo del propio escritor.

 

3. JRC: ¿Qué representa El Pachanga?

DSJ: De El Pachanga me cautivaron dos cosas: su manera de expresarse y su actitud frente a la vida. En cuanto a su manera de expresarse, diría que fue alguien que sintió que el lenguaje acartonado que nos venden como el buen hablar, no resultaba suficiente para expresar los avatares de su alma mestiza y de su mundo, también mestizo. Por tanto, decidió inventar un lenguaje, ese que yo uso en la obra para expresarlo. Y en cuanto a su actitud frente a la vida, pienso que era alguien que intuía que el ser caribe, con todo lo que ello implica, constituía, si no una alternativa, por lo menos una noción de felicidad. Jamás ví a alguien con una existencia tan trágica pero intentando ser tan feliz en medio de su tragedia.

 

4.JRC: ¿ Qué representa El Flecha ?

DSJ: Algo que considero importante: es la elipse del perdedor y de su tragedia, al tiempo que induce al lector o al oyente a preguntarse lo siguiente: ¿Cuántas trágicas frustraciones de jóvenes muchachos de Palenque le cuesta al país cada triunfo de un Pambelé? Y, ¿qué camino toman esos frustrados muchachos que no pudieron ser campeones? ¿La droga, el malandrismo, la delincuencia común, la guerrilla o el paramilitarismo  –y aún peor–, el suicidio? Cada Shakira, cada Juanes, cada Pambelé o cada Carlos Vives, cada Pibe le cuesta mucho al país en ese sentido; y ellos, no El Flecha o los muchachos de Palenque, ellos son los antihéroes del país convertidos en héroes por quienes hacen negocios con ellos: los medios de comunicación y los conglomerados económicos. Algunos aspectos de todo eso, quise mostrar en El Flecha.

 

                              

                                   El actor venezolano Yugui López

                               en su papel teatral  de “El Flecha”

 

5. JRC: ¿Qué libro o que libros lo hicieron famoso?

DSJ: No me considero un escritor famoso; tal vez podría ser alguien prestigioso. La fama crece como espuma y, como la espuma, vuelve a ser lo que era antes de inflarse. El prestigio, pienso, es como el vino, como el buen vino, o como los buenos rones antillanos. Ojalá pudiera conservarme transmitiendo cosas a la gente por mucho tiempo, incluso más allá de la muerte, sin haber llegado jamás a ser famoso. Ojalá no me pase como a aquellos boxeadores que trepan a la “gloria” y luego caen noqueados sobre la lona y frente a las cámaras de televisión. Preferiría que me pasara lo que le pasó al pobre Flecha.  

6. JRC: ¿A qué le debe el éxito como escritor?

DSJ: No creo que sea una persona exitosa. Pienso que mi obra, por encima de que sea buena, mala o regular, es una obra que ha generado entre el público una gran simpatía. Yo quiero a mi gente y la gente corresponde. Pero... si de alguna manera podría decirse que he obtenido ciertos logros, ello se ha debido a que me levanto a escribir cada día como si jamás nadie nunca hubiera publicado algo mío y como si nadie jamás me hubiera leído. Allí reposa la clave de todo: sentirse en el inicio aunque ya, tras lo obtenido, nos enfrentemos al final. Hoy, por ejemplo, me levanté entusiasmado con la lista que estoy trabajando con un buen amigo sobre los diez usos más populares del trupillo; un árbol de estas tierras que, según muchos, no sirve para nada, pero sí para que contra él orinen los perros.

 

7. JRC: ¿Qué relación tenía con Franky Linero?

DSJ: Era un muy buen amigo, un gran actor, muy caribe y muy costeño. Fue alguien que obtuvo muchos premios, casi todos los posibles en este país, interpretando casi 3000 veces mi obra El Pachanga. Su memoria me genera un gran sentimiento de gratitud y de admiración.

 

8. JRC: ¿En qué o en quién piensa cuando escribe?

DSJ: En una mezcla de cosas, sentimientos y actitudes. Pienso en el disfrute que me produce el escribir, en la responsabilidad que implica el querer ser testigo crítico de mi época, en el lector... y en lo que quiero, en sí, transmitir.

 

9. JRC: ¿Quién lo apoyó cuando quiso ser escritor?

DSJ: Curiosamente, tres ilustres personajes atlanticenses, tres ilustres habitantes de esta “mi Lorica Grande”, como llamo a Barranquilla: Orlando Fals Borda, Juan B. Fernández Renowistzky y José Consuegra Higgins. Profeso por ellos una grande admiración y experimento con la sola mención de sus nombres un perenne sentimiento de gratitud.

 

10. JRC: ¿Qué mensaje le enviaría a los estudiantes?

DSJ: Que sean lo que son, caribes y latinoamericanos, que se sientan orgullosos de eso, de ser lo que son, y que traten de ser felices siéndolo. Que no caigan en la trampa de ceder ante esa ley del consumismo y la alienación, la que dice que en este país se es más importante en la medida en que uno menos de este país parece. Mucho cuidado. La clave de la felicidad y del éxito tiene que ver con sentir orgullo de pertenencia y, en este caso, de pertenencia caribe. 

 

 

 

 

MINI-ENTREVISTA A DAVID SÁNCHEZ JULIAO PARA LA REVISTA “LIBROS Y LETRAS” DE BOGOTÁ, 2007

 

 

1. ¿Prefiere que lo lean o que lo escuchen?

DSJ: Me gusta ser leído por los oídos. Pero algunos amigos dicen que cuando me leen, a veces lo hacen en voz alta, pues cierto espíritu de oralidad subyace en mis textos. De todas formas, llegar a la gente de ambas maneras me apasiona, a través de los ojos o del oído.

 

2. Con la reaparición de Historias Esenciales, ¿está buscando llegar a públicos más jóvenes?

DSJ: Busco aprovechar las más modernas técnicas de grabación para sentir que pasé de la “literatura casete”, a la literatura elepé, luego a la cidí y luego a la ipod. Habría que preguntarle a McLuhan si, en este caso, el medio sigue siendo el mensaje. También busco llegar a públicos más jóvenes, pero sin cambiar una letra en las historias. Y sentirme vivo, que es algo grandioso en este país de 32.000 muertes violentas al año. 

 

3. ¿Por qué revivir al Flecha?

DSJ. Fue él mismo quien se revivió. Fue él quien empezó a re-escribirse cuando una noche su fantasma se me apareció y me dijo: “Máster, nos estamos dejando ganá de Jólibu; ya hay un Terminéitor Cinco, un Supermán Cuatro y un Padrino Tré, ¿y que pasa con El Flecha Dó?”  

 

5. ¿De qué autor no soportaría un libro leído?

DSJ: Sufro mucho cuando escucho grabaciones de Neruda, leyendo sus poemas sublimes con una pésima voz y un desastroso acento chileno ¡Que se calle... pero que siga escribiendo desde la gloria!

 

6. ¿Qué lo hace reír?

DSJ: Eso de que este es un país democrático, que no es racista, y que la Patria existe, ¿qué es la Patria? Cuando los soldaditos van a la selva a morir “defendiendo la Patria”, ¿por quién mueren... cómo se llama esa transnacional? Quizá AITRAP... que es Patria en alrevesino. 

 

7. En los períodos que estuvo por fuera del país, ¿cómo hacía reír a la gente?

DSJ: Les decía, “Colombia have produced one only universal character, Simon Bolivar, and he was born in Venezuela”.  Todos reían y me reviraban: “And... what about Pablo Escobar”. Entonces, yo, en vez de enverracarme, me reía, y les gritaba: “He who laughs at last laughs more-better... : El que ríe de último... ríe “más mejor”.  

 

 

 

 

 

 

 ENTREVISTA DE CAMILO VILLAMIZAR –PARA “VANGUARDIA LIBERAL” DE BUCARAMANGA—A  DAVID SANCHEZ JULIAO

 

 

CV: ¿Por qué ese continuo compromiso con la oralidad que le hace publicar sus obras no solo escritas sino también en audio?

DSJ: Pienso que la fuerza de lo oral es tan grande, que la gente olvida que de mis 20 producciones, solo 3 historias han sido escritas con el propósito de ser grabadas en casetes, elepés o CDs. Soy autor de seis muy conocidas novelas que jamás han conocido ese destino de la palabra, entre ellas “Pero sigo siendo el  rey” o “Buenos días, América” o “Dulce veneno moreno”, pero ya ve: la fuerza de lo oral hace que se hable mucho de aquellos tres cuentos esenciales, El Pachanga, El Flecha y Abraham Al Humor. Ello me complace, lógico pero no deja de parecerme algo curioso, y me lleva tal vez a concluir que el colombiano ama la palabra más que a sí mismo. Por eso, discos MTM acaba de lanzar las tres mencionadas historias –vueltas a grabar-- en un album titulado HISTORIAS ESENCIALES de David Sánchez Juliao. Está circulando y lo recomiendo ampliamente.

 

CV: El parlamento del Flecha no está escrito en español sino en costeño. Más allá de ser una herramienta literaria ¿a qué se debe tanta precisión idiomática?

DSJ: El Flecha no habla costeño, como tampoco habla español; habla su propia lengua, se habla a sí mismo, se expresa en un lenguaje creación de él y de su clase, pues tanto él como su clase sienten que el lenguaje de las academias y de las altas esferas (el llamado “buen hablar”) no tiene palabras para expresar la complejidad del alma mestiza. Por tanto, en El Felcha, su magia es su labia. Se dice, muy equivocadamente,  que “el popular” latinoamericano, como yo llamo a esa estirpe, no es un hombre conflictuado, ¡y sí que lo es! De modo que él acude a ese lenguaje de su propia invención para expresarse mejor y con mayor precisión.  A eso se debe, para dar respuesta a la última parte de la pregunta, tal precisión idiomática. A ver: ¿cómo podría definirse El Flecha a sí mismo con el lenguaje de las academias.... cuando en su propio lenguaje se define como “boxeador de profesión y bacán de fracaso”? 

 

           Carlos Vives en “Gallito Ramírez”.

           un triunfador, antítesis de “El Flecha”

 

CV: Perfectamente, en lugar de haber sido el Flecha 2, pudo haber creado un nuevo personaje para su última novela y dejar intacta --por decirlo así-- a su creación más famosa ¿Por qué decidió que tenía que ser la segunda parte de El Flecha?

DSJ: No creo que se trate de una novela, es un relato simplemente. Por otro lado, el mismo Flecha me lo exigió. Siempre sentí curiosidad de preguntarle a Cervantes algo parecido: ¿Por qué, habiendo cerrado El Quijote al final del primer tomo, abrió un segundo tomo con el mismo nombre y para tratar el mismo personaje... años después? Pero lastimosamente Cervantes jamás vivió en Lorica; y en un tiempo tal, que me hubiera permitido hacerle la pregunta, ¡qué vaina! Estuve a punto de hacérsela a un pariente suyo de Palenque, llamado Antonio CERVANTES, Kid Pambelé. Pero cuando le pregunte a Pambelé por Miguel De Cervantes y Saavedra, me dijo: “Si es buen boxeador y está ‘rankiao’, que me lo suban al ring para bajármelo en el primero”. Ahí desistí de todo.

 

 

CV: En un país de regiones y de ciudades, su libro hace un llamado al fin de los regionalismos negativos, esos que en lugar de proteger su identidad lesionan las de los otros. ¿Cuáles son los pros y los contras de los regionalismos en Colombia?

DSJ: Más bien, hago un llamado a que acabemos con los estereotipos, no con los orgullos regionales, porque si en algo estriba la grandeza de este país es en su diversidad regional. No hay derecho a que a estas alturas del siglo XXI sigamos pensando los colombianos que todo santandereano es violento, todo bogotano hipócrita, todo paisa bandido y tumbador, todo chocoano ignorante, todo pastuso tonto, todo costeño perezoso. Conozco mucha gente de cada una de esas regiones que no es el reflejo del respectivo estereotipo.

 

CV: No sólo cita en uno de los pasajes a Fals Borda, sino que la novela está atravesada por la propuesta de un reordenamiento territorial ¿El Flecha 2 es “La historia doble de la Costa” llevada a una novela?

 

DSJ: Este libro, este  personaje y toda mi obra está atravesada por un profundo sentido de admiración y respeto por la obra del profesor Orlando Fals Borda. He sido su discípulo, pero me complace decir que también soy su coterráneo y buen amigo; de él y de esa maravillosa mujer que fue María Cristina Salazar, su esposa. Mi muy conocida novela “Pero sigo siendo el rey” está dedicada a Fals Borda, y mi más reciente libro –aún inédito--, “La Marcha”, a la memoria de María Cristina. Trabajé al lado de Fals Borda en la Costa Atlántica en los setenta, y seguí trabajando con él en los ochenta... y sigo siendo su amigo y discípulo. Cosa curiosa: me correspondió el honor de ser una especie de corrector de estilo y consultor de los originales de “La Historia Doble de la Costa”, y luego la presenté al público lector del Continente conjuntamente con Eduardo Galeano, el prestigioso autor uruguayo, en Bogotá.  Imagínese hasta donde Fals Borda llevó a su discípulo, a que le ‘corrigiera’ un libro que tenía poco que corregir, ¡un honor! Bueno, pienso que aquello constituyó un premio a la lealtad en este país de desleales; así también lo entiendo, pues siempre le he dejado saber al maestro que experimento por él profundos sentimientos de gratitud y de afecto. De modo que la influencia no se recoge del suelo, como dicen las abuelas.

 

CV: Se suele pensar que la región más homogénea en Colombia es sin duda la Costa Caribe, ¿qué tan cierto es eso?

DSJ: Con frecuencia suelo afirmar en mis conferencias a lo largo ancho del país que... “en la Costa, uno primero es costeño y después de algún lugar”. La respuesta a su pregunta sería sí, teniendo en cuenta que de Montería (en Córdoba) a Riohacha (en la Guajira) hay las mismas horas de autobús que de Bogotá a Cali. Y quien sale de Montería y viaja esas diez horas, cuando llega a Riohacha siente que no ha salido de casa. Quien sale de Bogotá, en cambio, para llegar a Cali, debe pasar por Melgar, Girardot, Ibagué, Armenia, Pereira, Cartago... y darle y darle hasta llegar a su destino caleño; y ha  tenido que atravesar muchos climas, subido muchas montañas, escuchado muchos acentos y comido cosas muy diversas.   

 

CV: Hay una relación intrínseca entre la Costa y la música ¿es por eso que usted dedica varios espacios en su libro El Flecha Dos al recate de varias letras famosas del folclor costeño?

DSJ: El costeño es música en todo, en el hablar, en el cantar, en el amar y en el vivir en general; incluido el comer: hemos compuesto canciones al arroz con coco, al chivo guisado, el bocachico, al arroz con lisa, a la arep’e huevo, al suero de leche y al jugo de mango. Al niño que nace y al amigo que muere, y hemos puesto a bailar al continente y al mundo. Todo es música en nosotros, hasta nuestra mitología: El Hombre-caimán, La Llorona Loca, Francisco El Hombre, La Vaca Vieja, “el diablo al que le llaman tren, que sale, por toa La Zona pasa y de tarde se mete a Santa Marta..”  Somos el resultado de una trietnia vigorosa y musical: indios rituales, blanco-moros de la tierra del flamenco y el cante-jondo y negros de las propias entrañas del África, ¿qué más podría salir de allí sino un eterno pentagrama?

  

 

CV: Si bien el término cachaco es una denominación costeña para todas las personas del interior, muchos nos sentimos ofendidos —entre esos los santandereanos—, al ser metidos en ese mismo saco, sin pretender en absoluto ser costeños ¿Qué tan cachacos somos los santandereanos?

DSJ: Santander representa para mí una de las más grandes y vigorosas reservas culturales de Colombia, en dos aspectos particularmente: la comida y la música. Ambas cosas son lo menos cachaco que conozco. Pienso que los santandereanos no caben en ese estereotipo del cachaco bogotano que llega al extremo de decir que los ingleses aprendieron a vestirse como ellos. ¿No se ha dado cuenta de que media Barranquilla, por ejemplo, está hecha de y por santandereanos? La van muy bien el cabro y el arroz con coco, lo mismo que la van bien la pepitoria y el suero de leche. Pienso que costeños y santandereanos nos queremos mucho y nos respetamos más.  

 

CV: ¿Qué lo trae de visita a Bucaramanga?

DSJ: La empresa “Seminarios Andinos” de Santander, ha organizado para muy pronto un taller con el escritor David Sánchez Juliao; taller que ha tenido mucho éxito en otras ciudades del país. Una larga sesión de trabajo de toda una mañana y media tarde, titulado POR QUÉ SOMOS ASÍ, PORQUE SOMOS TAN “DEJAOS”. Es un taller que intenta demostrar que la pobreza y el subdesarrollo, más que de carencia de recursos, son el resultado de una actitud frente a la vida. Así que muy pronto estaré por esas hermosas y queridas tierras... oyendo música y comiendo lo más exquisito de Santander, ¿adivinen qué es?