David Sánchez Juliao
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OBRA ESCRITA


 

TEATRO

 

David Sánchez Juliao 

PEDRITO EL SOÑADOR

 

(Obra de teatro en un acto)

  

(FRAGMENTO)

 

 

******
 

PEDRITO EL SOÑADOR

 

 

 

PERSONAJES:

 

 

1) PEDRITO: cuentero de gran imaginación.

 

2) MARÍA: planchadora, esposa de Pedrito.

 

3) BANDERÍN: vago del pueblo.

 

4) FABIOLA: tendera y dependiente de cafetería.

 

5) CERÓN: contertulio.

 

6)    ROSENDO: contertulio.

 

=============================================================

(La escena está compuesta de tres espacios, en los que se jugará con luces. La mitad de la escena la ocupa una tienda de alimentos de pueblo (a la derecha) que consta, al frente de un mostrador con frascos, y al fondo de anaqueles en donde Fabiola  -la dueña-  almacena las mercancías. En la tienda se expende también café y bebidas frías, que los clientes consumen frente a una mesilla de poca altura sentados sobre bancos sin espaldar. Junto al mostrador, hay un teléfono de pared que funciona con monedas. Al extremo derecho, más allá de la tienda, está el espacio en el que María  --la mujer de Pedrito--  plancha ropa por encargo. Un solo bombillo ilumina el espacio con una mesa de plancha, implementos propios de la labor, un taburete y un canasto de esparto. Y en ese mismo extremo derecho, pero adelante, casi contra el borde del escenario, una tablilla  --a manera de flap--  en la que se lee: “Orinal”. Al subir el telón o encenderse las luces, únicamente el espacio de la tienda-tertulia está iluminado. Fabiola aparece detrás del mostrador de la tienda y algunos clientes han llegado a la tertulia de la mañana, sin haber aún ordenado de beber).

 

FABIOLA

( A PEDRITO) ¿Qué dices? ¿Por qué es que no te gusta venir aquí, Pedrito?

 

PEDRITO

Ya lo he dicho: porque esta gente (SEÑALA A LOS CONTERTULIOS) nada le cree a uno.

 

CERÓN

¡No digas eso Pedrito! Nosotros creemos todas tus verdades.

 

ROSENDO

Tus verdades de Hollywood en technicolor. (PAUSA) Aunque algunas verdades las dices en blanco y negro. (OTRA PAUSA) Pero, pensándolo bien .... tus verdades, Pedrito, son más bien en negro y negro, porque... ¡con esa cara!

 

(PEDRITO SE LEVANTA. SOBRE ÉL SE ENCIENDE UNA LUZ FUERTE. DECAE EL RESTO DE LA LUZ EN LA ESCENA CASI HASTA LA OSCURIDAD. CAMINA HACIA EL PUBLICO, LA LUZ LO SIGUE. PEDRITO SE PLANTA AL BORDE DEL  ESCENARIO).

 

PEDRITO

(MIRANDO AL VACIO) Ahora que los veo a ellos aquí reunidos en la tienda, hablándome, y a Rosendo recordándome que soy negro, me pregunto en silencio: ¿qué tiene de malo serlo?

 

(PEDRITO DA MEDIA VUELTA, CAMINA A SENTARSE DE NUEVO EN LA TERTULIA. SE APAGA LA LUZ FUERTE. VUELVE LA CLARIDAD A LA ESCENA EN LA TIENDA)

 

ROSENDO

Oigan muchachos, ¿y qué tal si tomamos café?

 

CERÓN

Oye, Rosendo, tú no piensas más que en tomar café. Es mucha la tomadera de café que te ha entrado..., ¿eh? Te has tomado cuatro tazas desde que llegaste, y ahora quieres más.

 

ROSENDO

¿Qué tiene de malo? Me gusta el café, ¿a tí no te gusta el café, Pedrito?

 

(PEDRITO PERMANECE SENTADO MIENTRAS LA LUZ DE LA ESCENA DECRECE Y VUELVE A CAER SOBRE ÉL EN UN CHORRO BRILLANTE).

 

PEDRITO

(AL VACIO) Me pregunta si me gusta el café, y le voy a responder...

 

(DESAPARECE EL CHORRO DE LUZ SOBRE PEDRITO Y VUELVE LA LUZ A LA ESCENA).

 

PEDRITO

Claro que sí, me gusta el café. Mucho. Deberíamos tomarnos otro, ¿no?

 

CERÓN

Bien: tomen ustedes dos. ¡Fabiola!

 

FABIOLA

(QUIEN HA ESTADO ENTRETENIDA EN EL ARREGLO DEL MOSTRADOR, SE VUELVE) ¿Sí?

 

CERÓN

Trae dos cafés para estos dos: Pedrito y Rosendo (LOS SEÑALA).  Yo no beberé esta vez.

 

(DECAE LA LUZ EN LA ESCENA. CHORRO DE LUZ SOBRE PEDRITO, QUIEN CAMINA  A PLANTARSE AL BORDE DEL ESCENARIO, FRENTE AL PÚBLICO. EL CHORRO DE LUZ LO SIGUE).

 

PEDRITO

(MIRANDO AL PÚBLICO, COMO  AL VACÍO). Ahora vamos a tomar café él y yo; él, quien me trata de negro, como si eso me ofendiera. El, de quien yo pienso que es tan negro como yo, pero de quien me diferencia el hecho de que no lo reconoce. Siempre he pensado que habrá de llegarse la oportunidad de decírselo a la cara, pero imaginando, imaginando. Y si no estoy errado, hoy se ha llegado esa oportunidad. Ya he empezado, en este instante, a fabricar la historia con que lo haré pedazos; sólo espero a que me insinúe...

 

ROSENDO

(AUN EN PENUMBRA). Oye, Pedrito... (DESAPARECE EL CHORRO DE LUZ SOBRE PREDITO, QUIEN EMPIEZA A CAMINAR HACIA SU BANQUILLO EN LA TERTULIA. REGRESA LA LUZ A LA ESCENA). ...¿por qué estás tan pensativo?

 

CERÓN

(A ROSENDO) Sí, está elevado... pero sospecho que alguna maldad está planeando.

 

FABIOLA

(SALE DESDE DETRÁS DEL MOSTRADOR CON DOS TAZAS DE CAFE, LAS COLOCA SOBRE LA MESITA QUE ES CENTRO DE LA TERTULIA). Dos cafés. (REGRESA A CONTINUAR TRABAJANDO SOBRE LAS ESCASAS MERCANCÍAS DEL MOSTRADOR).

 

PEDRITO

(YA EN SU SITIO). No, hombre, qué va. Estaba pensando en lo que me sucedió hace unos días en la hacienda de Rosendo.

 

CERÓN

(EMOCIONADO). Oye, Rosendo: la arremetida va contra tí.  (SE FROTA LAS MANOS). Ajá, ¿qué te pasó? A ver, cuenta, Pedrito, cuenta. (A ROSENDO) Estoy seguro de que va a salir con una de esas barbaridades que se inventa.

Ya verás.

 

PEDRITO

No, no es invención. Eso pasó, tal como se los voy a contar.

 

CERÓN

Cuenta, cuenta, Pedrito.

 

FABIOLA

(SE HA VUELTO DE REPENTE HACIA LA TERTULIA, MANIFESTANDO INTERÉS POR LO QUE VA A SER LA NARRACIÓN DE PEDRITO. MIRA HACIA LA TERTULIA CON OJOS BRILLANTES). Dale, Pedrito. Cuenta. ( SE APOYA SOBRE EL MOSTRADOR... DISPUESTA A ESCUCHAR).

 

PEDRITO

(PIENSA POR UNOS INSTANTES Y HABLA). Bueno: iba yo el otro día a visitar a Rosendo en su hacienda... (EMPIEZA A BAJAR LA INTENSIDAD DE LA LUZ EN LA ESCENA Y A CRECER LA DEL CHORRO BRILLANTE SOBRE PEDRITO, QUIEN ABANDONA LA TERTULIA MIENTRAS HABLA Y VA A PARARSE DE FRENTE AL PÚBLICO AL BORDE DEL ESCENARIO. NARRA ACCIONANDO)...  Ustedes saben que eso por allí, por la finca de Rosendo, es plano como una mesa de billar, e iba yo en mi caballo, plaque-plaque, plaque-plaque, plaque-plaque, venía la brisa del mar, suave, así, trayendo un olor como de perfume de coco, y jugaba con las ramas, qusssshhh, como si al mundo le hubieran colocado cascabeles en la copa de todos los árboles. El sol brillaba, así, a lo lejos, cortado en el horizonte, y parecía que alguien hubiera pintado las nubes con jugo de naranja... Cuando de repente, oí una voz que cantaba cerca de mí y de mi caballo:

 

Ay, mamá Inés... (USANDO LA MELODÍA DE LA CONOCIDA CANCIÓN)

 

Corchero, mi caballo, se paró en seco, cerró los ojos y buscó con las orejas la voz que cantaba:

 

Ay, mamá Inés...

 

Yo miré para todos lados, buscando a la dueña de la voz, pero nada, no había nadie. Ustedes saben que la hacienda de Rosendo es plana, como un mundo sin montañas.

 

Ay, mamá Inés...

 

...seguía cantando la voz. Una voz de mujer; dulce, como la de Celia Cruz, la cantante cubana, pero más fina:

 

Ay, mamá Inés...

 

Yo miraba para atrás, para un lado, para el otro, para adelante, nada. Y la voz:

 

Ay, mamá Inés...

 

¡Qué cosa tan extraña!, me dije. No hay nada por aquí: ni bosques, ni grandes árboles, ni cerros, nada. Solamente un pequeño arbusto de tunas, no muy alto, así de alto, como de medio metro. Y la voz:

 

            Ay, mamá Inés...

 

Hasta que, ¿saben qué? Se me ocurrió ir a mirar detrás del pequeño arbusto  de tunas, y ¿saben qué encontré?  Encontré  un pedazo de disco roto, un trozo de esos viejos discos sonoros de 78 revoluciones por minuto, de esos que fabricaban antes pero que ya no se hacen. Y, bueno,  con la brisa que venía del mar, las ramas del arbusto se movían... y una de las espinas de la tuna pasaba por un surco preciso del disco, lo rayaba y...

 

Ay, mamá Inés...

Ay, mamá Inés...

 

...lo hacía sonar.

 

ROSENDO

(CON LA PRIMERA FRASE DE ROSENDO DESAPARECE DE REPENTE EL CHORRO DE LUZ SOBRE PEDRITO. VUELVE LA ESCENA DE LA TERTULIA A SU LUZ). ¡Oye, Pedrito, qué mentira tan bien contada!

 

CERÓN

(MIENTRAS PEDRITO REGRESA A SU SITIO). Oye, Pedrito...(APLAUDIENDO)... no lo habías contado, ¿eh?  ¡Qué cuento, caballeros, qué cuento!

 

ROSENDO

¡Eso es tener imaginación!

 

FABIOLA

(EMOCIONADA DESDE EL MOSTRADOR) ¡Qué maravilla!

 

CERÓN

(CENTRANDO LA ATENCIÓN)  ¿Y entonces qué, Pedrito, qué pasó?

 

 

 

PEDRITO

Pues... pasó que me apeé del caballo, ví el trozo de disco ahí junto al arbusto de tunas, y le dí vuelta. Y la tuna  volvió a ser movida por la brisa, la misma espina rayó el respaldo del trozo de disco y...

 

CERÓN

¿Y qué cantó?

 

PEDRITO

Todos los negros...    (CANTA INICIANDO LA LÍNEA DE LA CANCIÓN, CON LA MISMA MELODÍA)  

 

CERÓN

(TERMINA LA LÍNEA DE LA CANCIÓN, CON LA MELODÍA)... tomamos café... ¡Oye, Rosendo, te mató Pedrito: te ha dicho negro...!  ¡Negro, Rosendo! (SE RÍE EN SU CARA), te ha dicho negro... ¡y te lo ha dicho cantando!

 

FABIOLA

(DESDE SU SITIO). ¡Ese Pedrito es necio, inteligente, vivaz!  (APLAUDE CON FERVOR).

 

ROSENDO

Bueno, ¿y ustedes por qué saben que es conmigo?

 

CERÓN

Porque ustedes dos son los únicos que están tomando café.

(BAJA LA LUZ DE LA ESCENA. PEDRITO SE LEVANTA. CAE SOBRE ÉL UN CHORRO DE LUZ, QUE LO ACOMPAÑA HASTA PLANTARSE FRENTE AL PÚBLICO).

 

PEDRITO

No sé de dónde me salen a mí tantas historias; tampoco sé cómo hago para inventarlas. Sólo sé que la imaginación es algo que me persigue desde pequeño.

 

Ahora todo se repite: cuando niños, ellos jugaban al trompo y a las canicas conmigo en las esquinas y los corredores. Y mientras ellos discutían si la punta de los trompos partían mejor romas o afiladas y si la cuerda corta era mejor que la larga, y si las caucheras debían tener el elástico aguado para que funcionaran a la perfección, y si las bolas de uña americanas no se astillaban como las nacionales, yo me sentaba en la acera a pensar en otras cosas, a imaginar. Imaginaba los trompos con manos y piernas enrollándolos a ellos y poniéndolos a bailar, mientras yo vivía en la flora de colores de una descomunal bola de cristal que sólo era movida por la uña de Dios que jugaba a tiro largo con San Pedro en el infinito corredor del cielo.

 

A ellos nunca les gustó imaginar; por eso les ha ido bien en la vida, y Rosendo tiene fincas y haciendas, y Lucho un almacén y Farid dos acuarelas originales de un pintor famoso que una vez pasó por el pueblo, y Cerón es político y ha sido alcalde. Y así... A mí, la vida, en cambio, nada me ha dado, porque me gusta imaginar. Sin embargo, lo que nadie sabe es que la vida me lo ha dado todo, porque no necesito nada. Todo cuanto quiero lo imagino. Lo fabrico con la mente y allí queda, a mi servicio. (SUENA A LO LEJOS “PARA ELISA” DE BEETHOVEN).

 

Ese piano que suena allá a lo lejos es el piano del maestro Ramón Illán. Qué hermoso oírlo refrescar con sus notas el ardor de la mañana. Qué hermosamente toca el maestro Ramón Illán. Ni él mismo sabe cuánto me alegra que, después de tanto soñar su instrumento, luego de ahorrar tanto dinero de su sueldo triste de director de banda, por fin haya podido comprarlo. Hace apenas una semana que el piano le llegó de la Capital en un enorme empaque de madera que no cupo por la puerta de su casa. Entonces, hubo que desarmar la caja sobre la ancha muralla del puerto, y de entre el envoltorio de papel de cera y periódicos viejos, fue saliendo, pulido y relumbrante, el piano de cola. Nunca vi tan feliz a músico alguno. Allí mismo en la muralla lo destapó y lo afinó, y después lo estrenó tocando la misma melodía que ahora toca, pero a la vista del pueblo. Es tan bella la melodía que de seguro ha de haber sido compuesta por él para Elisa, su mujer.

 

Elisa, la esposa del maestro Ramón Illán, se parece mucho a María, mi mujer. Ambas entienden qué es soñar; al piano, o a la palabra...  como yo.

 

Menos mal que el alcalde y el Concejo enviaron al maestro Ramón Illán a la Capital para que comprara los instrumentos nuevos de la Banda Municipal. De otra manera, el maestro Ramón Illán no hubiera podido viajar y usar sus ahorros para comprarse el piano, pues el solo viaje a la Capital vale casi... medio piano.

 

(PEDRITO REGRESA A SU SITIO, DESAPARECE LA LUZ SOBRE EL. VUELVE LA ESCENA DE LA TERTULIA A SU LUZ).

 

CERÓN

(PARECE SEÑALAR EL SONIDO) ¡Oigan al maestro Ramón Illán!  Está sentado al piano.

 

ROSENDO

En una semana va a aburrir a todo el pueblo. No se levanta del teclado.

 

 

PEDRITO

¡Qué hermoso toca, ¿verdad?!

 

ROSENDO

Sí, toca lindo, pero también la coincidencia es linda.

 

CERÓN

¿Qué coincidencia, Rosendo?

 

ROSENDO

Que el Municipio lo haya mandado a la Capital a comprar los instrumentos de la banda, y que después del viaje, la banda haya terminado armada de instrumentos... y él de piano. Tú, como exalcalde, bien lo sabes.

 

PEDRITO

¡Oye, Rosendo: no seas canalla...!

 

ROSENDO

¿Canalla?  ¿No oyes lo que se comenta en el pueblo?

 

PEDRITO

No, hombre, esos son rumores malintencionados.

 

ROSENDO

Pues... yo te cuento que siempre le pongo atención a los rumores, porque como dice el dicho...

 

FABIOLA

(DE ESPALDAS A LA TERTULIA, ARREGLANDO ALGUNAS COSAS EN EL MOSTRADOR). “...Cuando el río suena, lleva un piano...”

 

(TODOS, MENOS PEDRITO, SUELTAN LA CARCAJADA).

 

(PEDRITO ABANDONA SU SILLA, LA TERTULIA LO VE IRSE HACIA EL BORDE DEL ESCENARIO. CAE LA LUZ DE LA ESCENA. CAE SOBRE PEDRITO EL CHORRO BRILLANTE. HABLA, NO SE SABE SI AL PÚBLICO O AL VACÍO)

 

PEDRITO

Dizque...  “Cuando el río suena, lleva un piano”. Cada cual juzga al otro por su propia condición. Maestro Ramón Illán: continúe usted viajando al teclado de su piano, siga usted refrescando con sus notas la vida ardiente de este pueblo, que lo voy a defender. Nadie que sepa tocarlo con tanta dulzura, se roba jamás un instrumento. Además, recuerde lo que usted me dijo un día: “Pedrito: siéntate tranquilo allí donde se canta, pues la mala gente nunca tiene canciones...”

 

(CUANDO ACABA DE RECITAR EL PARLAMENTO, PEDRITO SE HA SENTADO YA A LA TERTULIA. EL CHORRO DE LUZ SOBRE ÉL HA DESAPARECIDO Y HA VUELTO LA ESCENA DE LA TERTULIA A SU LUZ).

 

PEDRITO

¿Qué era lo que comentaban ustedes sobre el maestro?

 

CERÓN

Que cuando el río suena, lleva un piano.

 

PEDRITO

Pero lo que ustedes no saben...

 

ROSENDO

¿Qué no sabemos, Pedrito?

 

PEDRITO

Que ese piano fue el regalo de su más grande admirador para el maestro Ramón Illán.

 

CERÓN

¿De quién, Pedrito?

 

PEDRITO

De su más grande admirador.

 

ROSENDO

¿Por qué, cómo es la cosa?

 

PEDRITO

(MIENTRAS HABLA Y CAMINA A ACTUAR LA HISTORIA AL BORDE DEL ESCENARIO, LAS LUCES CAMBIAN). Que yo recuerde, la historia es esta: una tarde a las cinco, los pescadores habían armado un círculo de canoas frente al pueblo. Solamente se Oía el rumor de la brisa y el latigazo de las atarrayas sobre la piel del río: jhhuás. De repente, uno de los pescadores intentó cobrar la atarraya, pero la sintió pesada. Tan pesada, que tuvo que pedir ayuda. Cinco hombres más tiraron sus redes y atarrayaron la carga del fondo, pero aún siendo tantos, no la pudieron subir. Más hombres vinieron, tiraron más atarrayas, y empezaron a halar. Y por fin, lloviendo agua por la cola y por la tapa del teclado, rebozado por la rémora del mar y el verdín de lo profundo, comenzó a emerger del río, envuelto en las redes, un piano de cola.

 

Los hombres llevaron el piano hasta la muralla, removieron con toallas la rémora y el verdín, y después se preguntaron: “¿Y ahora qué hacemos?”. Alguien dijo: “Llamemos al maestro Ramón Illán, que es la única persona en el pueblo que sabe tocar el piano”. El maestro Ramón Illán apareció pronto, vestido de blanco y exhalando olores de alhucema, se sentó en un taburete frente al piano, destapó el teclado y en un gesto de virtuoso registró las notas: tarararán....  El piano estaba perfectamente afinado. Se frotó las manos, luego las empapó con el vaho de su aliento y empezó a componer una canción a su mujer.

 

El misterio sobre de dónde había venido el piano se esclareció después... cuando el maestro Ramón Illán levantó la gran tapa de la cola para que sonara mejor, y vio, dirigido a él, un sobre de papel de lino entre las cuerdas y los martinetes. Intrigado, tomó el sobre, lo abrió por uno de los costados y sacó de él una tarjeta escrita con impecables trazos de Palmer, que decía: “Desde el fondo de los mares, para el maestro Ramón Illán, de su amigo y admirador: John Smith, Capitán del Titanic...”.

 

CERÓN

(LAS LUCES CAMBIAN DE GOLPE CON EL PARLAMENTO DE CERÓN)

¡Vaya al diablo: qué imaginación!

 

 

FIN DEL FRAGMENTO